martes, 12 de diciembre de 2017

Hay un canto en mí que debo escuchar yo solo

GIOVANNI PAPINI
(Florencia, Italia, 1881-íd., 1956) 

Hay un canto en mí que mi boca jamás pronunciará -que no escribirá mi mano en ningún trozo de papel.
Hay un canto en mí que debo escuchar yo solo, que debo padecer y soportar solamente yo.
Hay un canto preso en mis venas como los celestiales adagios del argentado órgano, hay un canto que como la raíz del gladiolo no florecerá bajo el alud.
Hay un canto en mí que estará siempre en mí.
Si este canto saliera de mi corazón, quebraría mi corazón.
Si este canto escribiera mi mano, ninguna otra palabra escribiría mi mano.
Este canto no se dirá sino en la última hora de mi vida; este canto será el inicio de una feliz agonía.
Hay un canto en mí que no puede salir de mí porque no se han creado aún las palabras necesarias.
Un canto sin medida y sin tiempo; sin ritmo y sin leyes.
Un canto sin ningún sosiego y que astillaría cualquier lenguaje.
Un canto inatendible sin que el alma se intimide por la sorpresa y se coloree de otro sol.
Un canto más respirado que dicho, más presentido que expresado: son de luces, rayo de acordes.
Un canto sin ansias de música porque sería más melodioso que cualquier otro instrumento conocido.
En mi corazón inmenso, que por días abarca el universo, a este canto le cuesta quedarse adentro.
En los minutos más angustiantes de la vida, este canto querría derramarse de mi corazón demasiado estrecho como el llanto de los ojos de quien se llora a sí mismo. Pero lo rechazo y lo engullo, pues junto a él también la sangre de mi corazón se derramaría con la misma furia voluptuosa.
Lo encierro en mí mismo porque no quiero morir aún.
Soy una víctima dulce de este canto divino y homicida.
Debo cerrar el corazón como la puerta de una cárcel y sofocar sus latidos sobrehumanos como si fueran remordimientos.
Y ser, con toda mi ternura, el hombre feroz al que no se acercan los débiles.
Porque mi canto sería un aterrador canto de amor, y ese amor abrasaría todo lo que toca.
El amor que solo cobija es apenas tibio, pero el verdadero amor en el mismo soplo besa y destruye.
Este amor resplandecería tanto de candente avidez que ese día la tierra iluminaría al sol y la medianoche sería más ardiente que el mediodía más ardiente.
Pero yo no cantaré jamás este canto terrible que me consume sin que nadie tenga compasión de mi tormento.
Yo no cantaré jamás este canto maravilloso del que mi temor reniega y que espanta mi debilidad.
No cantaré este canto porque nadie podría sustentar la infinita, la desgarrante, la dolorosa dulzura.

Traducción de Ricardo R. Laudato

lunes, 11 de diciembre de 2017

Cuchilladas de sol en las nubes oscuras

MARCELO LEITES
(Concordia, Entre Ríos, Argentina, 1963)


LO QUE DIJO EL VIENTO


Las hilachas de luz describen
siluetas diminutas, desnudas.
Hileras verdes en galería
adelgazándose en las sombras.
La luna irradia mi cuerpo
¿Soy todavía?
¿Soy un río que viene y va
o sólo su reflejo?
Estallido de agua.
Nado contra la corriente.
y mis brazos levantan vuelo.
Nadar es apropiarse del agua.
En la costa bailamos unidos
un ritual ebrio y tribal
cuyo ritmo hemos olvidado.

El aguaribay mueve sus ramas
y la lengua absorbe el centro
picante de los pimientos rojos.
El viento entre las ramas del aguaribay.
Arranco una rama
y la rugosidad de mis manos
cede a la suave savia de sus hojas.
Este olor a resina pegajosa me acompañará
en el viaje definitivo.
La superficie iluminada de la costa,
los biguaes y sus círculos sobre el río,
la insistencia del grito de las aves
y los dorados que saltan fuera del agua
deberían bastar a la hora de hacer un recuento.

Cuchilladas de sol en las nubes oscuras.
Las brasas oscilan tenues sobre los restos
del mediodía: el humo de la carne asada:
el pan y el vino y esa canción que quedó
flotando como una revelación
deberían bastarte, aunque más no fuera
como una lacerante, dolorosa maravilla.

¿Y la alegría de la mesa compartida?

¿Aún te dicen algo esas nubes?
Dibujan entre los huecos del cielo
los rostros que creías fieles
con una sonrisa lejana y suficiente.
¿Aún te dicen algo esas nubes
que se disgregaron en el aire?
Pasan
Pasan
Pasan como las plumas
tornasoladas del pavo real.
¿Te dicen algo, todavía?
Ah, la entropía del conocimiento.
Saber no nos salva:
Nos deja al borde
de nosotros mismos:
Los zumbidos de las moscas
nos atraparon como arañas en su tela.
Hemos llevado el universo a nuestra casa
y hemos cerrado la puerta.
Pequeños hombres grandes
Pequeños monstruos maquillados
que acusan con el dedo de dios
y no dejan a nadie en paz.
No se puede tolerar a los intolerantes,
no, Oliverio, no hay que compadecerlos:
hay que ignorarlos.

¿Y la alegría de la mesa compartida?

Todavía el aire bombea tu corazón.
No has muerto en ninguna batalla,
y aunque tu papel en el universo
sea como el paso de una hormiga
sobre una brizna de hierba,
cada día renuevas el salto.
Debería, entonces, alcanzarte.
Ahora, en esta primavera de guerra,
los hijos toman aire de mis pulmones
y cantan una canción.
Estas voces enamoradas del mundo…
Habrá que seguir cantando
y las voces unidas en el canto
deberían, al fin, bastarnos.

Las luciérnagas no saben que iluminan la noche.

Suspendidos en el espacio, los amantes
quedan exhaustos como dos nadadores.
El mundo se cae a pedazos
y todavía estás ahí, del otro lado,
tendida, tendiéndome una mano.
**
TANQUE AUSTRALIANO
I


Y una noche de luna llena
pegamos la cara en el espejo
entramos descalzos a la noche
y sin saber qué esperar
bajamos al tanque australiano
bajamos despacio
deslizamos por las paredes de chapa
los cuerpos desnudos.
Los pies agitan el agua,
un estanque en medio del desierto.
No hay desacuerdos,
un entendimiento tácito entre nosotros.
Nos basta con estar dentro del tanque
y mirar las estrellas.
La conciencia se aquieta y respiramos
el mismo aire que respiran los caballos
en el campus militar de enfrente.
Disparos de rifles sacuden el letargo,
enfrente.
—Son sólo tiros al blanco.
—Pero suficientes como signo de época.
Y bajamos todavía más, casi tocamos el fondo
y contuvimos la respiración bajo el agua
y vimos algas y hojas sumergidas
y sedimentos y escuchamos
el sonido atemperado del mundo
y más y más navegamos en nuestro tanque
y giramos una vez y otra vez
por las paredes de chapa y en cada giro
algo nuevo veíamos
y un nuevo canto oíamos.
—Ése que está adentro del sauce
es Juanele.
—Y al costado está el filodendro que plantó
Veiravé.
—Y el que parece un árbol de letras, ¿quién es?
—Ah… Leónidas viajando aún en su capuchón.
—¿Ves también los sembrados y los pescadores
mirando más allá del espinel?
—Sí, pero lejanos, casi inalcanzables.
Y había también sirenas, las mismas sirenas
de Ulises cantaban un canto de opio
y desaparecieron cuando quisimos tocarlas.
Flotando en el agua del tanque
vimos la ciudad inclinada entre la villa
y las luces de neón y las pantallas ciegas.
Y vimos los ejércitos de hormigas
que durante años llevan sobre sus hombros
los ladrillos para construir su casa
antes que el veneno las liquide
antes que el país las expulse
definitivamente.
Sentados en el borde del tanque
nuestra mirada horadó los pastos,
los árboles y el río lejano.
Y nuestra mirada seguirá horadando
escrutando entre la niebla
las partículas de polvo en el aire
y el sol que anuncia el fin del día.
De Tanque australiano, Ediciones Gog y Magog, Buenos Aires, 2007.
***
POEMAS CON VALQUIRIAS
IV


El aire pasa de tus labios a los míos
pasa el aire de mis labios
a los tuyos
bajo el agua nítida del estuario.
Mientras pasa el tiempo nos miramos
y se forman arruguitas en los dedos
que se apenas se rozan en las yemas.
Sostenemos el aliento
hasta que no aguantamos más
y subimos a la superficie.
Los pulmones respiran aliviados.
Otra vez estamos solos.
***
Hay que dar gracias

Hay que dar gracias:
el cuerpo anda
el cuerpo camina
el cuerpo se mueve solo.
No hay otra libertad
sino el cuerpo.
No hay otra verdad
sino el cuerpo.
Sé que me muevo
porque mi cuerpo se mueve.
No estoy muerto
no estoy dormido
no hay forma de quedarse inmóvil.
Creo en mi cuerpo.
Mi cuerpo no me abandona.
Hay que dar gracias:
tus manos se mueven
tus piernas se mueven
el mundo se mueve.

De Adentro y afuera, en preparación.

domingo, 10 de diciembre de 2017

Ante el fuego el primer fuego

Paul Éluard

(Seudónimo de Eugène Grindel)
(Saint-Denis, Francia, 1895-Charenton-le-Pont, id., 1952)

Dora Maar – Nusch Eluard, c. 1935
El éxtasis

Estoy ante este paisaje femenino
Como un niño ante el fuego
Sonriendo vagamente con lágrimas en los ojos
Ante este paisaje en que todo me emociona
Donde espejos se empañan donde espejos se limpian
Reflejando dos cuerpos desnudos estación a estación

Tengo tantas razones para perderme
En esta tierra sin caminos bajo este cielo sin horizonte
Hermosas razones que ayer ignoraba
Y que ya nunca olvidaré
Hermosas llaves de miradas claves hijas de sí mismas
Ante este paisaje donde la naturaleza es mía

Ante el fuego el primer fuego
Buena razón maestra

Estrella identificada
Y en la tierra y bajo el cielo fuera de mi corazón y en él
Segundo brote primera hoja verde
Que el mar cubre con sus alas
Y el sol al fondo de todo que viene de nosotros

Estoy ante este paisaje femenino
Como rama en el fuego.

Versión de Jesús Munárriz

sábado, 9 de diciembre de 2017

Ríase, pero en el fondo tenga mucha pena, mucha de su Mario de Sá-Carneiro

MARIO DE SÁ-CARNEIRO
(Lisboa, Portugal, 1890-París, Francia, 1916)

CARTAS DE MÁRIO DE SÁ-CARNEIRO A FERNANDO PESSOA
Diciembre de 1912 y enero de 1913

París – Año 1912
Último día

Querido amigo:

Va a tener que perdonarme. A su admirable y larga carta, voy a responderle brevemente, desarticuladamente. En este instante atravieso un período de “anestesiamiento” que me impide expresar las ideas. Este anestesiamiento se resume en llevar una vida vacía, inerte, humillante –y, a pesar de todo, dulce. Otros consiguen esta beatitud con morfina, ingiriendo alcohol. Yo no; actúo de otro modo: salgo por las mañanas, doy largos paseos, voy al teatro, paso horas en las cafeterías. Consigo expulsar el alma. Así no me duele vivir. Me despierto a veces, pero luego tapo mi cabeza con las sábanas y me duermo de nuevo. No obstante, quiero que este letargo acabe. Y he fijado el
final para dentro de exactamente una semana…
El estudio de sí mismo es magistral –se trata de un documento que guardaré muy bien, agradeciéndole desde lo más profundo de mi alma la prueba de amistad y consideración brindada. Créame cuando le digo que mis palabras no pueden traducir mi gratitud. El día que le conocí fue uno de los más bonitos de mi vida. Había conocido a alguien. Y no solo a una gran alma; también a un gran corazón. Déjeme abrazarle, darle uno de esos abrazos en los que se funden nuestras almas sellando una amistad leal y fuerte.

Con respecto a Santa-Rita, mi opinión difiere mucho de la suya y de la de Veiga Simões. No me parece un caso de Hospital, sino más bien –puede que le sorprenda– un caso de la prisión de Limoeiro… Pequeñas ventanas que se abren en su vida, en sus pensamientos y que tan solo dejan ver hipocresía, mentira, egoísmo y un cálculo que se resume en lo siguiente: el fin justifica los medios. No obstante, créame cuando digo que su elección de tales medios, cubismo y monarquía, ha sido muy poco acertada… En realidad es un personaje interesante, aunque también lamentable y despreciable.

El “Hombre de los Sueños” está por medio. Pero últimamente no he pensado en él. He aquí una nueva frase. Dígame qué opina al respecto: “Está claro que en la vida todo responde a determinadas dualidades, al igual que ocurre con los sexos. Dígame, ¿existe algo más desolador que el hecho de que tan sólo existan dos sexos?”. La frase es más o menos así. Más adelante, el Hombre describirá la voluptuosidad de un país en el que existen infinitos sexos, de modo que se pueden poseer varios cuerpos a la vez. Lo terminaré a lo largo de este mes. Sin embargo, le ruego que me diga si debo incluir o no esta nueva idea de la diversidad de los sexos. No se olvide de esto en su próxima carta. Al final, tras haberme enviado su libro, que contenía la amable dedicatoria que usted mismo leyó y que decía que en el Mercure se hablaría pormenorizadamente del Principio, Ph[iléas] Lebèsgue se limitó a criticar la acogida del volumen. Además, el último número del Mercure habla de usted, así que se lo haré llegar mañana. En breve escribiré una carta en condiciones. Una vez más, le suplico perdón y le agradezco profundamente su amabilidad.

Un fuerte abrazo.
Sá-Carneiro
Aunque “sucia”, ¡sublime la frase de Pascoais!
**
Enviada el 18 de abril de 1916

Ha de estar de acuerdo en que tengo suerte de toparme siempre con seres que no me mandan al diablo, y a quienes en el fondo agrado por mi torpeza... Porque la verdad es ésta: es lo único que me hace interesante. ¿No cree usted? Escriba. Ríase, pero en el fondo tenga mucha pena, mucha de su Mario de Sá-Carneiro. Escriba inmediatamente. Escríbame. Unicamente para comunicarme con usted, mi querido Fernando Pessoa. Escríbame mucho. Se lo suplico de rodillas. No sé nada, nada, nada. Sólo mi egoísmo me puede salvar. Pero tengo tanto miedo de la ausencia. Además, para perderlo todo no valía la pena tanta resistencia. ­Loco! ­Loco! ­Loco! Sienta mucha pena por mí.

Traducción de María Díaz López, Nuria Alberca Remigio, y Paloma Panero Kleiner. Coordinación y revisión de la traducción: Rebeca Hernández
**
"Genio en el arte, Mario de Sá Carneiro no tuvo ni alegría ni felicidad. Sólo el arte que hizo o que sintió, por instantes, lo cubrió de consuelo. Así son aquellos a quienes los dioses predestinaron suyos. Ni el amor los quiere ni la esperanza los busca ni la gloria los acoge. O mueren jóvenes, o sobreviven a sí mismos, habitantes de la incomprensión o de la indiferencia. Este murió joven, porque los dioses le tuvieron mucho amor."
Fernando Pessoa
***
LA CAÍDA

Y yo que soy el rey de toda esta incoherencia,
yo mismo torbellino, me angustio por fijarla
y giro hasta partir... Pero todo se me resbala
entre bruma y somnolencia.

Si acaso en mis manos queda un pedazo de oro,
se vuelve falso... lo arrojo lejos...
Yo muerto de desdén frente a un tesoro,
muero de penuria, por exceso.

Me elevo en el color a fuerza de quebranto,
extiendo los brazos del alma -¡y ni a un espasmo venzo!...
Me meneo en la sombra- en nada me condenso...
todavía yo vibro agonías de luz, sin embargo.

No me puedo vencer, pero me puedo aplastar,
-vencer a veces es lo mismo que caer-
Y como aún soy luz, en un gran retroceso,
con iras ideales asciendo hasta el fin:
Miro desde lo alto el hielo y hacia él me arrojo...
**

Mi vida se ha sentado
y no hay quien la levante, 
pues de Poniente a Levante
mi vida ya se ha hartado.

Miradla, la hastiada, allí está,
echada, piernas cruzadas,
en el interminable sofá
de mi Alma tapizada. 

De Obra poética, Mario de Sá-Carneiro, Ed. Hiperión, 1998.
Traducción, introducción y notas de Alberto Virella. Prefacio de Fernando Pessoa.

viernes, 8 de diciembre de 2017

Los ojos / no encuentran su paisaje

SUSANA VILLALBA
Tomada de espacioculturaloei.org.ar

(Buenos Aires, Argentina, 1957)

IKYU
Le lleva al mundo tiempo
una mano,
una pluma.
Es imposible
atravesar un corazón
si no hay deseo
de matarlo.
Toda la tarde caminó
bajo la lluvia
como una forma de sentir
humanidad.
El tiempo —se dijo—
será esta ceremonia
del té.
Es cosa de los astros
si pueden partir
el mundo en dos
en un segundo.
Es cosa de los otros
sus manos.
No es una huella
que dejará
según mueve la pluma.
Es que esas huellas
de sus dedos
son irrepetibles.
Pero llevan su tiempo
las palabras.
No es el camino
el que dice la distancia,
los ojos
no encuentran su paisaje.
Hubiese preferido tocar
con sus palabras,
él habla
maravillosamente
y es un placer físico
escuchar.
Pero no importa
si las uvas están
a demasiada o poca altura.
Si se moja es que llueve
y es la hora
de preparar el té.
El cuerpo es un pacto
con la forma.
Pero el deseo es la forma
que tiene el corazón
de deshacerse
de su cuerpo.
Como un relámpago
espera
en la línea de la mano.
—¿El amor?
—dijo la bruja—
¿Ir al Tíbet?
Una escritora.
Los sueños son la vida
también.
Tuviste un gran amor.
—Tuve, como quien dice
una enfermedad,
escribí
poemas.
—Palabras
—dijo la bruja—
de un corazón
en círculo de fuego.
Se viste de venado
y se devora.
Una pluma en el barro.
—Cuando los amantes duermen,
amanece.
Las palabras no dan cuenta
de ese espacio
que separa a los cuerpos
en el sueño.
—Los amantes
—dijo la bruja—
no se dan cuenta.
Pero el que sueña
es un camino
como cualquier otro.
Los poemas también
son naturaleza.
Si no tocaste
esa mano no existió
más que en el sueño.
—Pero las uvas
a la altura de mi mano,
acaso
simplemente las describa
—Es una forma
como cualquier otra.
—Pero la espada
y el tiempo
que le lleva al mundo
el cuerpo
que la cabeza lleva atado
como un perro.
Y el guerrero
si amanece
y en su corazón
noche cerrada.
Cantan los pájaros
y habitan la luz
como una flecha
de su propio sentido.
Dar testimonio
de una manera humana
de levantarse,
preparar el té
y escribir.
—Y acaso haber tocado
¿daría cuenta?
—Un puma
ni un venado.
Deseo de beber
un animal completo
o palpitante
en la espesura
del deseo
fugar de un cuerpo
agazapado.
Se pregunta
qué tarea tiene
entre las manos.
Palabras como espada
de dos filos.
El deseo real
como la mano
al tocar
fue tan distinta.
Cada cuerpo
irrepetible.
—El arquero
ni el caballo,
la flecha
no pregunta:
Señor
¿no tuviste suficiente
fe
en mi?
De Caminatas, 1999, La Bohemia Ed.
***
PIEZA INCONCLUSA PARA PIANO MECÁNICO
Entonces? Se debe bendecir frente a la muerte blanca. O negra. Bendita ambigüedad, tu sacrosanta confusión y todas tus razones arbitrarias, te bendigo. Ilusión, objeto del deseo y todo símbolo que vele por nosotros, qué importan las preguntas ya hechas, respondidas, si nada se sabe aunque se sepa leer y aunque nos vuelva a suceder, bendito cada uno que vuelve a preguntarse. Como si fuera el génesis, el hombre primero y la primera mujer que se separan. Bendecir la ingenuidad de tantas horas, los meses pasados en preguntas y ese empeño en ignorar. Hay un momento en que el amor atenta, cobra víctima, se salva con imperfecto adios. Bendigo entonces tu fastidio, tu sálvese quién pueda, tu sagrada barriga y tu temor de dios. Nadie da un salto que supone mortal, gracias al cielo. Que todos sabemos que es abstracto. Benditos entonces el instinto que te aferra a tu piso y mi ignorancia de que tampoco vos sabés lo que conviene. Creo en el padre y en el hijo, en la mujer de Platonov cuando lo saca del río como a un niño que apenas se ha mojado los zapatos. Creo en la conveniencia de que no hubiera crecida. No sé si él lo sabía, qué deseaba su amante, hay cosas que no sé y no importa que sean varias veces sabidas y olvidadas. Bendito sea el olvido. Bendito el amor que nos arroja fuera de nosotros. Bendito el egoísmo que nos separa ante el peligro de ser nosotros mismos de otro modo. Y quién quería a Eurídice. El poema, el ruiseñor y no el enamorado que tiñe la rosa con su sangre. Bendita alquimia del barro que coagula donde puede hacer pie, un ídolo que olvide su náufrago latente. No esperes en la costa, siempre es un resto lo que traen las olas, sólo regresa cada uno a su espejismo y el mío es esperar. Nadie salta sin preguntar lo que le espera. Bendita sea la calma, las frutas ofrecidas y una temperatura ambiente, la templanza con que cada uno se aferra al madero que le ha tocado en suerte. O ha elegido? Ambigüedad, bendita confusión, creer que se ha tenido, creer, pensar que no se puede tener si no se entrega. La vida como un mar que viene y va. La muerte de quién te mataría, creo en la soledad como quien cree que nace en la ilusión de un mundo ya perdido. Entonces? Se debe bendecir cuando se encuentra o se cree ser la pieza que encaja en el mecano con que ha levantado el niño su refugio. O desencaja, bendita tentación de voltear todo, armar otra figura, preguntar. Bendita tempestad que vuelve sin embargo a la idea de zozobra. Sigue a su arrojo un giro repentino hacia la costa. Y quién quería la tierra prometida, un paraíso que volveremos a perder por conocido. No es cierto que supimos, no es verdad que rozamos el árbol, no estaba a nuestro alcance la idea del bien ni la del mal, bendita sea. Bendita entonces tu estulticia y tu arrogancia, tu inocencia que te salva de los cargos y bendita tu ignorancia de los otros. Y la mía.

 De Plegarias. Nueva York, 2002; Buenos Aires, 2004)

jueves, 30 de noviembre de 2017

Mientras más vivo, menos poseo y menos reino

PHILIPPE JACCOTTET
(Suiza, 1925)



El ignorante

Así como envejezco crezco en ignorancia,
Mientras más vivo, menos poseo y menos reino.
Todo lo que tengo es un espacio a veces cubierto de nieve o
brillante, nunca habitado.
¿Dónde está el dador, el guía, el guardián?
Aguardo en mi cuarto inicialmente callado
(el silencio aparece cual siervo a poner orden)
Y yo espero que una por una las mentiras se aparten:
¿Qué más queda? ¿Qué retiene al agonizante?
¿Al punto de impedirle morir? ¿Qué fuerza
le  permite aun hablar entre sus cuatro paredes?
¿Lo sabré yo, el ignorante, el inquieto?
Mas lo escucho realmente hablar y su palabra
irrumpe con el día, impreciso aún:
“Como el fuego, el amor  instaura su transparencia
en la culpa y la belleza de la madera vuelta cenizas….”

Traducción: Diana Insausti

miércoles, 29 de noviembre de 2017

¿Verdad, Bonturo?

JORGE AULICINO
(Buenos Aires, Argentina, 1949)



¿Se imagina si un diario pudiera titular "Se abrió el séptimo sello"? Sería el acabose. La Biblia en vivo y en directo. El triunfo del mal y de la banalidad. Tiene razón, Bonturo, estoy dramatizando. Ah, ¿usted piensa que eso va a ocurrir? ¿Qué es eso de huevos a la canasta? Déjese de embromar, hombre. Ponga un bife en todo caso, siempre salva del apuro.
Cacho Veldevere, "Dio en llamar", Ediciones Se Ladeaba, Se Ladeaba, Campana, 2016
**                                                          
Extraño es el link o enlace, Bonturo. Es como una tierra prometida: clic, y cambia el panorama. Quiero decir: no hay tal tierra, sino su promesa en el link, que precisamente significa enlace o vínculo o ligazón, que podríamos, exagerando un poco, traducir como religión. Sí, sé que las más de las veces
no hay satisfacción, hay falsificación, lo que había de prometedor se esfuma, la tierra prometida es otra operación de comercio o promoción. En ese caso, el link es máscara, engaño. ¿Pero qué? ¿No es el modo en que avanza el mundo,
de engaño en engaño? Desconfíe, pero sanamente, Bonturo.
“Sermones y patrañas”, Casa Editora No Murió ni Fue Guerrero, Berisso, 2007
**
Hay una cantidad de gente que es como el viejo Vizcacha, Bonturo: se entretiene en escarbar y hacer marcas con el dedo. Sí, también. Tiene razón: cuando se pone en pedo, lo comienza a aconsejar. Lo peor es que son muchos los que viven en estado de ebriedad, aunque nunca toman. Y me deprimí un poco, sí. Bueno, le voy a aceptar ese vacío. Sin chimichurri, como para decir cené.
Cacho Veldevere, "El post-gauchesco y la incidencia del vino común de mesa en la definición del carácter nacional", Ediciones Volví a la Mugre de Vivir Tirao, Cachirulo, 2016
**
Bonturo, disculpeme que le diga, el horóscopo ya no es serio... "Haga ejercicio" me salió como diez veces este año. ¿Qué es? ¿Una profecía o una prescripción médica? ¿Qué se hizo de los nigromantes, de sus presagios, del buen Tiresias, de Delfos? ¿Están arreglados con los gimnasios, dice usted? ¡Ha caído el último reducto! ¡También los magos se prendieron en el afano! No, no se me va a caer la espumad... Tenía razón, se me cayó...

Cacho Veldevere, "Yo la vi que se venía en falsa escuadra", Ediciones Tenía que Pasar, Uritorco, 2016
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¿Qué pensaría usted si lo viera al curita Magaldi bailando cumbia en el patio de la parroquia, Bonturo. Ah, ¿vio? Bueno, pero si se puede escuchar a Bach en lo que llaman ringtone... Eso es... ¿vio cuando suena el teléfono? Eso. Sí, no, no es que Bach hizo música para teléfonos, a lo que voy es a que no sería extraño verlo al curita bailando cumbia. Porque es un cura popular lo digo, y ahora está de moda lo popular entre los no tan pobres. Si, creo que eso es más serio que una excomunión, como diría el párroco. No sé, debe serlo. No todo lo negro es serio, no. Mire, esa morcilla a mí me parece feliz.
Cacho Veldevere, "Del dodecafonismo al bombón asesino", Ediciones Portero Suba y Dígale, Las Martinetas, 2016
**
¿Oyó hablar de la micro-militancia, Bonturo? No, sé que usted no estuvo en la unión de choferes, pero me refería a otra cosa. Suponga que usted quiere hacer micro-militancia contra el tabaco. Entonces, cuando lo detiene el semáforo peatonal, si alguno a su alrededor está fumando, usted finge tos. Si, lo mejor posible, no hace falta ser actor. O simula tropezar y vocifera "¿nunca va arreglar las baldosas el lord mayor?" Si, yo soy micromilitante. En los cafés y casas de bebidas si alguien levanta el tono yo hablo más alto. Aunque sea solo, sí. O le digo al mozo "mire saque ese programa porque soy enemigo acérrimo de los que gritan sin ton ni son". Soy implacable en eso. ¿Cómo micro-militancia positiva? Pero, ¿cómo voy a salir a proclamar en la esquina "qué bien cocina Bonturo"? Qué personaje es usted. Póngale un poco de ajo, sí.
Cacho Veldevere, "No nos moverán", Ediciones Hay que Ser Babieca, Las Flores, 2016
**
Acabo de leer en una revista que está de moda poner frases en inglés en almohadones, muebles, paredes, restos de cajones de embalaje usados como mesas. Y qué sé yo lo que dicen, Bonturo, ¿usted se cree que soy políglota? Son frases para alentarse en la vida. Sí, un poco me entristece. No sea bestia, ¿quiere? ¿Cómo va a escribir en la barra "agarrate, Catalina"? Sí, lo veo un poco ordinario. No, no, "grab yourself, Caty" tampoco me parece correcto. Traiga la pasta y olvídese de los cartelitos.
Cacho Veldevere, "El flaneur de los cien barrios porteños", Ediciones Coronada su Sien, Chacras de Coria, 2016
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Muchos años usé en el descifrar por qué no me gusta la ensalada de tomates, Bonturo. Ahora lo sé: porque no es ensalada. ¿Cómo voy a estar contento? No sé qué hacer con esa información. ¿Cree que puede ser material de discusión en la BBC? Bueno, es que se me olvida el nombre de la red social ésa. ¡Ah, no me diga! ¿También el curita está allí?
Cacho Veldevere, "Cartas a Walter Benjamin que nunca fueron respondidas", Ediciones Canté sin Saber Cantar, General Pirán, 2016
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Me compré el pasamontañas y estoy presto a iniciar acciones por la independencia del barrio de Almagro, Bonturo. ¿Usted dice que aquí también habitaban originarios? Bueno, pueden darles Palermo Soho. Sí, seguro, Bonturo, esa gente es muy solidaria. Llegado al caso, quizá no tanto, tiene razón. Podría ser Caballito, entonces. ¿Tampoco? No, con Boedo no queremos conflicto. Será entonces la independencia de este solar de usted. Claro, es cierto, esto ya lo tiene. ¿Cúanto cree que me darán por el pasamontañas en la feria americana de aquí a la vuelta?
Cacho Veldevere, "La cuestión nacional: su esencia", Ediciones Si se Calla el Cantor, Loma de la Lata, 2016
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Nuestra vecina la Clota estaba escandalizada porque, según sus palabras, la degeneradez avanza. Acaba de ver ella a un señor amasándole la nalga a su novia en la popular heladería de la otra cuadra. ¿Usted qué piensa, Bonturo? Yo creo que el mundo está entre la crispación y el relax. ¿Me pregunta si está bien o mal? Ni una cosa ni la otra. Y qué quiere que le diga... Me llevan los vientos de cambio.
Cacho Veldevere, "A un tris de la Tercera Guerra", Ediciones Agarrame que lo Mato, Coronel Moldes, 2016
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¿Cree usted que lo que se escribe antes de un pero tiene escaso valor o ninguno, Bonturo? Entonces tenga en cuenta lo que le voy a decir: el jamón era bueno, pero estaba un poco pasado. Ah, vio, ah vio...
Cacho Veldevere, "El peso inconmensurable del adversativo". Ediciones La Matraca Bajo el Poncho, El Sosneado, 2016
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Leo en una revista cultural de gran tiraje: "artista antisistema que es leyenda global". ¿Cómo se puede ser artista antisistema y al mismo tiempo global, Bonturo? Lo explica el hecho de que esto se diga en el parágrafo o marbete, no sé cómo se llama, en la tapa de una revista cultural de gran tiraje. Piénselo mientras prepara esas franciscanas croquetas de arroz, por especial pedido del amigo Fevrier. No, no le agregue jarrete, zancarrón ni osobuco, déjelas así, crocantes.
Cacho Veldevere, "Tiro al segno", Ediciones Más Conocido que la Ruda, Baigorrita, 2016
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¿Vio la gente que dice "por lo menos lo intentaste"? ¿No es como decir "lo que vale es la intención"? El gran poeta andaluz en realidad escribió "volverán las buenas intenciones", pero lo censuraron. ¿Cómo quién, Bonturo? El capitalismo. Bueno, es cierto, en España mucho capitalismo no había, pero la culpa la tiene el capitalismo. Y la sienten otros. No me haga hablar, no me haga hablar. Traiga las croquetas de carne, traiga.
Cacho Veldevere, "El renegado Kautsky y otros poemas", Ediciones Una Lágrima Embozada, Arroyo Las Animas, 2016
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La cuestión admite dos enfoques, quizá tres. A lo mejor cuatro. Quién le dice cinco. Pero la cuestión es si la cuestión vale la pena, Bonturo. No me diga que hay muchas formas de cortar la escarola. Sí, dos le admito. Bueno, también tres. Así mirado, incluso cuatro.
Cacho Veldevere, "Contame tu condena", Ediciones No Seás Ganso, El Socorro, 2016
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¿Usted no sabe lo que es la prognosis, Bonturo? No me mire con cara de sotreta, no voy a decirle que es una pregunta retórica, como ahora se estila. ¿Vio cómo van pasando las modas? Antes todos hablábamos de prognosis y nos entendíamos. Ya sé que usted no. Y aunque no se use la palabra me gusta la gente que dice "se viene..." y agregue ahí lo que quiera. Deje que adivine: está friendo la clásica milanesa con perejil.
Cacho Veldevere, "Fijas y martingalas", Ediciones Mañana Será otro Día, Apeadero Speratti, 2016
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Claro que hay gente que tiene problemas con su cabeza, Bonturo, mire lo que me dice. También. También es cierto que no se dan cuenta. ¿Eso lo maravilla? Entiendo, pero ése es su principal problema, ¿no? Ah, ¿cómo que el tuco va sin queso rallado? Usted quiere subvertir nuestro tradicional modo de vida.
Cacho Veldevere, "Le ruego cierre al salir", Ediciones Caí en la Cuenta, Cañada Rosquín, 2016
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El problema no es que los hombres sean perversos, porque también son angélicos... el problema, Bonturo, se lo diré, es que la destrucción que causan está superando, de lejos, el bien que procuran. Incluso, corrompen el ya hecho. La abstracción superadora llamada política, un gran invento de la humanidad para controlarse, mire un poco lo que es, mire un poco. Ya sé que no va a salir a mirar a la calle, y lo bien que hace, siga concentrado en los ravioles a la espingarda. Es un gran invento suyo, ése. Si lo bauticé, yo, pero el secreto de la salsa se lo llevará a la tumba usted. A la tumba o a Uzbekistán, adonde vaya, quiero decir... 
Cacho Veldevere, "La música de las viejas sartenes", Ediciones Es Todo Todo Tan Fugaz, El Arañado, 2016
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Por un lado están los que ven mal si uno no "complejiza", Bonturo. Por el otro, los que reprochan la palabra difícil o complejización, en nombre de los intereses populares. El problema es que a veces son las mismas personas, como si cambiara el tiempo. Ah épocas de la torta frita en grasa. No me mire así: era parte de la "comida sencilla", como la milanesa, el bife ancho, la berenjena en escabeche. Ah... usted todavía cree que...
Cacho Veldevere, "Simple, como todo lo genial", Ediciones Verduleros Unidos, Ascochinga, 2016
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Imagine el siguiente diálogo, Bonturo:
"-Apenas puedo trepar la escalera, Julieta.
"-¿Comisteis de nuevo empanadas salteñas, amado mío?"
¿Verdad que es inconcebible? Esto nos demuestra cuán lejos está la cocina de la vida real. Y usted insiste con que el aceite de oliva no hace daño...
Cacho Veldevere, "Exégesis del amor pasión y otros ítemes del romanticismo", Ediciones Si te Agarro te Mato, Isidro Casanova, 2016
**
Intemperie y economía son casi la misma cosa, Bonturo. Y... piense un poco, no se quedan quietas, todo es variación, cambio, ciclos, pero ciclos irregulares, inestables... Se nos hiela la testa o nos sudan las manos y la gran tempestad nunca se produce, la inminencia del bien o del mal es lo permanente. No hay refugio en ella. Menos mal que tenemos una mesa y el chorizo colorado, ¿o no? Cierre la banderola, hágame el favor, que refresca.
Cacho Veldevere, "Genealogía del repollo", Ediciones El Chiflete, Frías, 2016
**
¿Se imagina si un diario pudiera titular "Se abrió el séptimo sello"? Sería el acabose. La Biblia en vivo y en directo. El triunfo del mal y de la banalidad. Tiene razón, Bonturo, estoy dramatizando. Ah, ¿usted piensa que eso va a ocurrir? ¿Qué es eso de huevos a la canasta? Déjese de embromar, hombre. Ponga un bife en todo caso, siempre salva del apuro.
Cacho Veldevere, "Dio en llamar", Ediciones Se Ladeaba, Se Ladeaba, Campana, 2016

Antología personal de ¿Verdad Bonturo? de Cacho Velvedere, Ediciones del Dock, Buenos Aires, 2017.
Nota bene: extraídos del facebook del autor. No todos figuran en el libro. 

martes, 28 de noviembre de 2017

Un nido de ave tejido en las ramas del planeta

Bárbara Belloc

(Buenos Aires, Argentina, 1968)

15

No, no es el mar,
es una isla errante de polvo celeste
avistada por un vigía cabeza abajo.

No. Es tierra firme contracorriente del cielo,
no, contra el mar.

No, es agua nueva que emerge del fondo, revuelve,
amenaza con formar un continente.
Pero no.

Y así y todo, agua y lodo,
la mezcla
comenzó con un no.

Namibia.

El desierto.

El viajero y su burro
miran arriba y ven
que la fuente es
un nido de pájaros.
Se quedan un rato observando.

Como en un documental
o las tomas descartadas de un documental:
las vistas inútiles, sin crimen, sin crecimiento,
el tono descriptivo del texto que acompaña las imágenes,
las inflexiones de la voz humana,
la naturaleza pixelada. No, en alta definición.

El hombre y su burro miran desde abajo
un nido de ave tejido en las ramas del planeta
que emite las 24 hs del día, desde 1927,
ondas de televisión al espacio sideral.

Son las señales que más lejos viajan,
a donde nadie llegó, no llegó una nave,
no se sabe qué hay, qué es.
miran arriba y ven
que la fuente es
un nido de pájaros.
Se quedan un rato observando.

Como en un documental
o las tomas descartadas de un documental:
las vistas inútiles, sin crimen, sin crecimiento,
el tono descriptivo del texto que acompaña las imágenes,
las inflexiones de la voz humana,
la naturaleza pixelada. No, en alta definición.

El hombre y su burro miran desde abajo
un nido de ave tejido en las ramas del planeta
que emite las 24 hs del día, desde 1927,
ondas de televisión al espacio sideral.

Son las señales que más lejos viajan,
a donde nadie llegó, no llegó una nave,
no se sabe qué hay, qué es.

En mis travesías escapando de las zonas áridas
vi cosas todas distintas, piensa el hombre.

El esfuerzo de las manadas.
Los círculos de noche, rondando
el fuego en el centro de los campamentos,
el hambre, siempre el hambre. La carne salada.
Carne podrida. Espejismos.
Ciudades que no existen ni existieron.
Humos invisibles. Humos sin combustión.
Tormentas de arena que se parecen a nuestras madres
viniendo corriendo a abrazarnos.

Así debe de haber sido siempre, siente el hombre,
el hombre subido al recado, el burro cubierto de polvo celeste
como diamante sobre diamante.
Las estrellas precipitándose.

La fuente
serpiente

los brazos abiertos.

De El sonido (edición digital). Deshielo Ediciones, 2017. 

lunes, 27 de noviembre de 2017

Su puntada en el agua

LAURA FORCHETTI

(Coronel Dorrego, Pcia. De Buenos Aires, Argentina, 1964)

soplo

giraba sobre el yuyal

posarse parecía
en un don diego cerrado
naranja

bajó

perdido en el mar
de puntas erizadas
de enero

algo fue a buscar
en la tierra

si el viento quería
mostraba
su antifaz de pícaro
sabelotodo
benteveo

había visto descender
justo ahíí justo ahíí
algo oscuro

un abejorro
mariposa negra
o el salto de un grillo

¿quién sabe?

sabe el benteveo
que bajó a comer

ojo aguja
su puntada en el agua
seca

olivillos grises
gramilla
ortigas
de tallos quemados
un jazmín
no me olvides
que cayó de mi patio

después el vuelo
y adiós

todo
fueron segundos

ahora
pierdo la mañana
por el rayo negro y amarillo

¿cómo puede deshacerse
el tiempo
en una sombra
iluminada?

¿qué quiero saber
que mi perra
despreocupada
entiende
y se echa a dormir
después de la visita
desatenta?

los versos rozan
la orilla del silencio

un contorno
de restos gastados
algas huesos pinzas caracoles

el secreto permanece
bajo la línea
de flotación

benteveo
dibujado minucioso
regalado de la belleza
cada trazo
en picada sobre el día
levantás tu alimento
y te vas
anunciando el instante
tu reino
***
Anunciación

clase práctica de botánica
la ramita que crece en la lata de tomate
especies autóctonas

en realidad son cuatro latas con sus cuatro
germinaciones

todas de hojas bipinadas
folíolos múltiples
seis a veintiocho centímetros
desplegadas de día
por la noche cerradas como párpados

follaje azulino
barba de chivo
maldiojo

el ejemplar originario está en una vereda
abandonado
entre arbustos siempreverdes
tamariscos

hay que buscarlo
con el delicado
tacto
del ojo

yo misma voy contando los pasos
hasta verlo aparecer
tras de la loma

su floración de reina

primera vez de una flor
no la olvido:

agrupadas en racimos piramidales
amarillas limón
cinco sépalos alrededor del cáliz
cinco pétalos libres
diez estambres declinados
larguísimos                                                                     
rojos
          rojo rojo

y la gota de polen

novia nocturna de la polilla esfinge
a plena luz del día
del abejorro

¿qué flor es esa? –decía

al amanecer

          hora en que las cosas del mundo
          se alumbran de una en una
          como lámparas
          resplandecen
          de una en una
          como milagros

volví a visitarla

la conversación asimétrica
entre mi clasificación
de linneo
y su boca
llamadora de pájaros

es difícil conseguirla en viveros
una belleza demasiado natural
resistente a las sequías
los suelos pobres


la chica del jardín pillahuinco
me dijo
cómo hacerlo

hace dos navidades dejé bolsitas
de tul verde
alrededor de los frutos

pequeñas redes para atrapar semillas

el momento exacto en que la chaucha se abre
suelta su dádiva:

moneditas livianas
brillantes como caramelos mediahora
nueve o diez milímetros

pasaba algunos días a mirarlo
el tul como un adorno

tal vez
alguien pensó en la costumbre
del árbol de diciembre

la espera era la misma
cuando no estaba allí presente

          todo queda temblando
          a punto de caer
          de deshacerse

el árbol con los tules
haciendo sus semillas                  
y mi pequeña trampa

identificar
poner un orden
cerrar la mano

los últimos días de enero
juntamos las bolsitas

estallaban
las chauchas doradas
con ruido de maderas
saltaban en el aire
las semillas
brasas

(no lo invento yo
sucedía)

daban ganas de llevarlas a la boca
el secreto de la flor extraña y dulce
las cintas rojas que atan el cielo
nos protegen

empezaba a llover
amarillo como las flores
un perro
bajo el agua
vigilaba mi ronda

desanudar el tul
esconder algo

era el único vecino atento
al peligro de mi mano

menos
en nuestra atención minuciosa confiamos
que en la ligera distracción de la naturaleza

puse la semilla entre algodones
la alimenté con agua limpia

del germinador a la tierra
dos cotiledones anuncian que está viva

ahora
son cuatro latas
con sus cuatro germinaciones

el follaje azul y el movimiento
de abrir y cerrar
folíolos

se fortalece el tallo alimentado
de mis amores

pero no es tiempo
todavía
de trasplantarlas
a la intensa agitación del patio

mecidas
en la vida artificial
bostezan
cubriéndose la boca

puede llevar años
la encarnación de una flor
su vestido

De Libro de horas, Bajo la luna, Buenos Aires, 2017.

jueves, 23 de noviembre de 2017

¿Vieron el barco?, preguntamos

Jorge Aulicino

(Buenos Aires, Argentina, 1949)

Sin novedad
a Guillermo Boido


Hace años no hay noticias del barco ballenero
En los boliches de la costa
acariciando los pechos de nailon de las putas
escuchamos el ruido de la lluvia
sus cascabeles fúnebres
su cubilete que suena
como los huesos de la muerte


Los que vienen del mar
tienen brazos tristes de viejos trapecistas
¿Vieron el barco?, preguntamos
Ustedes vienen del mar
¿vieron nuestro barco ballenero?
No nos dejen morir
a varios ya se nos cayeron los dedos


Los que vienen del mar tienen nucas azules
perdieron la piel en algún puerto
matan a las mujeres
después de amarlas en silencio
se emborrachan y mueren a las tres de la tarde

No saben nada del barco ballenero.




De Vuelo bajo, Ediciones El Escarabajo de Oro, Buenos Aires, 1974.
en Estación Finlandia, Poemas reunidos 1974-2011, Bajo la luna, Poesía, Buenos Aires, 2012.

miércoles, 22 de noviembre de 2017

Y el amor, ah el amor

GRACIELA CROS
(Carlos Casares, Provincia de Buenos Aires, 1945. Reside hace tiempo en Bariloche, Río Negro, Argentina)

Pampa de Huenuleo

¿Hay sol ahí en Pampa de Huenuleo?
¿Hay sol ahí en Pampa de Huenuleo
o sólo hay frío, hielo y muerte?

¿Hay sol ahí
o hay mujeres arrojadas al descampado,
asesinadas, violadas, comidas por los perros?

Desaparecen mujeres
cerca de uno.

En Arrayanes, Frutillar, Malvinas,
San Francisco, Omega, Pilar,
en Nahuel Hue, Mutisias,
El Maitén,
en los barrios,
diagnostican.

¿Y más allá de Pampa de Huenuleo,
en Jacobacci, Lipetrén, La Lipela,
en Mamuel Choique, Pichi Leufu, Comallo,
en Cuesta del Ternero, Somuncura,
Ñorquinco?

¿Más allá de Pampa de Huenuleo,
en la Línea Sur,
también
diagnostican?

¿En Maquinchao, El Foyel, Los Repollos,
Blancura Centro, Los Menucos,
lejos de Pampa de Huenuleo,
diagnostican?

Y desaparecen,
desaparecen cerca de uno.

¿Los niños
que también desaparecen
duermen
en panteones del cementerio?
¿En garitas oscuras?
¿Ahí sueñan?
¿Ahí hay que buscarlos
vivos o muertos?

¿Hay sol en Pampa de Huenuleo
o sólo hay panteones,
garitas, frío, hielo y muerte?
¿Hay sol
o hay panteones para dormir
morir en el cementerio?

Micaela, Natalia, Ruth,
mujeres madres de Agustín,
Braian, Matías, Gilda, David, Lucía,
hijas de Ramón, Carmen, José, Teresa.
Hijos que ya no verán crecer.
Padres que ya no verán morir.

¿Hay sol ahí donde están
en el descampado?

Desaparecen cerca de uno.
¿Pueden desaparecer tantas mujeres cerca de uno?

¿Con el cuerpo molido a patadas,
ahorcadas y colgadas de una soga,
quemadas en el fuego de un incendio,
heridas de bala o arma blanca,
violadas, violentadas,
solas en Pampa de Huenuleo?

Oyarzo, Painefil, Muñoz, Bastidas,
Sepúlveda, Gatica, Cheuquepán,
Meliñanco,  Huenchul,
¿ustedes también desaparecen cerca de uno?

¿Bajo el sol en Pampa de Huenuleo?
¿O bajo el frío, hielo y muerte en Pampa de Huenuleo?

A modo de diagnóstico del estado de la ciudad las autoridades hablan de violencia familiar, desprotección infantil, desempleo, subalimentación de las madres, embarazos adolescentes, chicos solos en sus hogares. Insisten hay violencia de género, falta de trabajo, ancianos solos; faltan servicios básicos, agua potable, cloacas, gas. Reiteran: violaciones en el seno familiar, abuso infantil, maltrato y muerte de mujeres y menores por golpes; niños y adultos mayores durmiendo en panteones del cementerio. Así se suman al diagnóstico, al diagnóstico del organismo, al diagnóstico del organismo en el marco del proceso, al diagnóstico del organismo en el marco del proceso de elaboración, al diagnóstico del organismo en el marco del proceso de elaboración del plan estratégico, al diagnóstico del organismo en el marco del proceso de elaboración del plan estratégico para el crecimiento, al diagnóstico del organismo en el marco del proceso de elaboración del plan estratégico para el crecimiento de la ciudad. Finalizan diciendo: No queremos crear falsas expectativas.
Bajo el sol desaparecen en Pampa de Huenuleo.
Bajo el frío, el hielo de la muerte
desaparecen
en Pampa de Huenuleo.
***

Fin de semana con muertos en la ciudad.
Accidentes de auto, choques, vuelcos,
grescas vecinales, ataques de pandillas,
crímenes pasionales, suicidios inesperados
y otros decesos inclasificables.

Y yo
compro una planta de flores rojas.

Alegría de Nueva Guinea,
me dice la vendedora, así se llama.

Entonces voy al mapa para ver
dónde queda exactamente ese lugar.

Lejos, al norte de Australia,
es la segunda isla más grande del mundo
y está dividida en mitades casi iguales.
Una es independiente y la otra Indonesia.

Pienso en cómo una Alegría de Nueva Guinea,
su extremo confín,
viene conmigo en este auto rumbo a casa,
una Alegría de Nueva Guinea
y el amor, ah el amor,
encabeza la lista de muertos
este fin de semana en la ciudad.

De Pampa de Huenuleo. Ediciones en Danza, 2017.
Somos parecidos a esos sapos que en la austera noche de los pantanos se llaman sin verse, doblegando con su grito de amor toda la fatalidad del universo.
René Char


No haría falta amar a los hombres para darles una ayuda real. Sólo desear hacer mejor cierta expresión de su mirada cuando se detiene en algo más empobrecido que ellos, prolongar en un segundo cierto minuto agradable de su vida. A partir de esta diligencia y cada raíz tratada, su respiración se haría más serena. Sobre todo, no suprimirles por entero esos senderos penosos, a cuyo esfuerzo sucede la evidencia de la verdad a través de los llantos y los frutos.
René Char